- Un día en la Vida de Oscar el Gato (The New England Journal of Medicine)



Volumen 357:328-329


Número 4



Un día en la Vida de Oscar el Gato
David m. Dosa, M.D., M.P.H. 



Oscar el Gato despierta de su sueñecito, abriendo un ojo para inspeccionar su reino. Desde encima del escritorio del doctor del área, el gato mira detenidamente a las dos alas de la clínica, en la unidad avanzada de demencia. Todo tranquilo en el oeste y en el este. Despacio, se levanta y de manera extravagante se estira, desde hace dos años con esta fórmula, primero hacia atrás y luego se hacia delante. El se sienta y considera su siguiente movimiento.


En la distancia, se acerca un residente. Es la Sra. P.; quien su vida discurría en la tercera planta de la unidad de demencia, hacía ahora 3 años. Hacía mucho tiempo que había olvidado a su familia, aunque ellos la visitaban casi a diario. Moderadamente despeinada después de comer su almuerzo, que ahora lleva casi la mitad en su camisa, la Sra. P toma uno de sus muchos paseos sin ningún objetivo. Ella se desliza hasta Oscar, empujando su caminar y murmurando, completamente indiferente de su entorno. Perturbado, Oscar la mira con cuidado, como ella anda, y suelta un silbido apacible, parecido a una serpiente de cascabel, como diciendo “déjame solo”. Ella lo pasa sin echarle un vistazo, y continúa hacia el vestíbulo. Oscar es aliviado. No es el tiempo de la Sra. P. , y el no quiere hacer nada con ella.


Oscar salta hacia abajo del escritorio, aliviado de estar una vez más solo, y tener el control de su dominio. Él toma unos momentos para beber agua de su tazón y agarrar unos bocados rápidos. Satisfecho, el disfruta de otra situación y sale a dar una ronda. Oscar cabeza abajo decide ir primero al ala oeste, a lo largo del camino tiene que esquivar al Sr. S., que está acostado en una camilla en el vestíbulo. Con los labios ligeramente entreabiertos, él ronca plácidamente- quizás con gran felicidad inconsciente de donde vive ahora. Oscar sigue hacia abajo del vestíbulo hasta que alcanza su final, la habitación 310. La puerta está cerrada, entonces Oscar se sienta a esperar. Él tiene un asunto importante aquí.

Veinticinco minutos más tarde, la puerta finalmente se abre y pasa el ayudante de una enfermera con los trapos sucios. “¡Hola!, Oscar” dice ella. “¿vas para dentro?” Deja paso a Oscar y continua su camino en la habitación, donde hay personas. Mientras en la esquina de la cama pegada a la pared, la Sra. T está dormida en posición fetal. Su cuerpo es delgado y gastado por el cáncer de mama que ha afectado a sus órganos. Ella ligeramente amargada sin hablar durante varios días. Al lado de ella en la habitación su hija, quien echa un vistazo por encima de su novela para calurosamente saludar al visitante . “¡Hola!, Oscar. ¿Cómo estás?”

Oscar se hace el despistado de la mujer y brinca en la cama. Él inspecciona a la Sra. T. Ella está claramente en la fase terminal de la enfermedad, y su respiración es dificultosa. El examen de Oscar es interrumpido por la enfermera, quien va a preguntarle a la hija de la Sra. T si está incómoda y necesita más morfina. La hija balancea su cabeza, y la enfermera da marcha atrás. Oscar vuelve a su trabajo. El huele el aire, da una mirada final a la Sra. T, luego brinca de la cama y rápidamente abandona la habitación. Hoy no es.

Mientras realiza su camino por el vestíbulo, Oscar llega a la habitación 313. La puerta está abierta, y el entra dentro. La Sra. K. descansa plácidamente en su cama, su respiración está estabilizada, pero lenta. Ella está rodeada por las fotografías de sus nietos y del día de su boda. A pesar de estos recuerdos, está sola. Oscar salta a su cama y otra vez huele el aire. Él hace una pausa para considerar la situación, y luego gira dos veces antes de acostarse al lado de la Sra. K.

Pasa una hora. Oscar espera. Una enfermera entra en la habitación para comprobar a su paciente. Ella hace una pausa y nota la presencia de oscar. Preocupada, apresuradamente abandona la habitación y vuelve a su escritorio. Agarra el registro de llamadas de la Sra. K y empieza a hacer llamadas telefónicas.

Pasada media hora la familia comienza a llegar. Las sillas son traídas a la habitación, donde los parientes comienzan la vigilia. Llaman al sacerdote para entregar los últimos ritos. Y con todo, Oscar no se ha movido, en cambio ronronea y con cuidado acerca el hocico a la Sra. K. un nieto joven pregunta a su madre “¿Qué hace el gato aquí?” la madre, lucha para aguantar las lágrimas y dice, “él debe estar aquí para ayudar a la abuela a ir al cielo”. Treinta minutos más tarde, la Sra. K da su último aliento terrenal. Con esto Oscar se sienta encima, mirando alrededor, y luego se marcha de la habitación tan silenciosamente que la familia apenada apenas lo nota.

Durante su camino de vuelta al área, Oscar pasa delante de una placa puesta en la pared. Sobre ella está grabado un elogio de la gente del hospicio local : “ por su cuidado compasivo del hospicio, se concede esta placa al Oscar el Gato”. Oscar toma un trago rápido de agua y vuelve a su escritorio a enroscarse para el resto del día. El trabajo de hoy está hecho. No habrá más muertes hoy, ni en la habitación 310 ni en cualquier otra habitación. Después de todo nadie muere en el tercer piso, a no ser que Oscar haga una visita y permanezca durante un rato.

Nota: Desde que él fue adoptado por los empleados cuando era un gatito, Oscar el Gato ha tenido la misteriosa capacidad de predecir cuándo un residente estaba a punto de morir. Hasta entonces, él ha presidido las muertes de más de 25 residentes en el tercer piso de Steere House Nursing and Rehabilitation Center in Providence, Rhode Island. Su mera presencia en la cabecera se avisa a los médicos y al personal de la clínica de ancianos, es un indicador de que es inminente la muerte, permitiendo a los empleados  suficiente tiempo para notificar a los familiares. Oscar también ha proporcionado el compañerismo a los que morían solos. Por su trabajo, él es considerado por los médicos y el personal de Steere House y por las familias de los residentes a los que sirve.


Información de la fuente





Dr. Dosa is a geriatrician at Rhode Island Hospital and an assistant professor of medicine at the Warren Alpert Medical School of Brown University — both in Providence.



- El Sexto Sentido de los Gatos


EL SEXTO SENTIDO DE LOS GATOS

Se habla del sexto sentido porque, como es sabido, existen cinco sentidos principales: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, aunque es bien cierto que se conocen otros más como, por ejemplo, el del equilibrio. Así que se atribuye al sexto sentido todas aquellas capacidades, que demuestran poseer algunos animales, como sentido de la orientación, telepatía, premonición, psicocinesis, etc. algunas de ellas, que en otros tiempos parecían increíbles, están hoy ampliamente explicadas: es el caso del sentido de orientación de las aves y de otros animales migratorios. Otras capacidades todavía se resisten a nuestra comprensión, aunque tanto los científicos como los parapsicólogos han efectuado numerosos intentos de encontrarles explicación.

Reencontrar a su amo

En lo que al gato concierne, el primero de estos poderes es la capacidad para regresar a su amo. De vez en cuando los diarios informan sobre la pasmosa aventura de un gato (o de un perro) que ha recorrido centenares de kilómetros para reencontrar a su amo.

Los ejemplos son numerosísimos. En abril de 1977, en Francia, un gato llamado Pompon apareció de nuevo ante su amo, residente en Fontainebleau: al parecer había partido dos años antes de Sanary, en el departamento de Var, situado nada menos que a 900 kilómetros de distancia.

En 1978, y de nuevo en Francia, cerca de Vierzon, otro gato, Minouche, se escapó del automóvil de su propietario y regresó a su casa, en Dôle, situada a más de 400 kilómetros; el pobre Minouche estaba depauperado y tenía las uñas completamente consumidas.

En Australia, hará unos doce años, parece ser que un gato recorrió nada menos que 2400 kilómetros para regresar a la casa de su amo, quien lo había perdido mientras estaba de camping; éste relató: “Estaba muy sucio y espantosamente flaco, pero apenas lo llamé por su nombre sus ojos se iluminaron y empezó a ronronear”.

Estos episodios adquieren notable importancia cuando se considera que el gato no es, bajo ningún concepto, aficionado a efectuar largas caminatas. Una de las historias más veces contadas sobre este tema es la del persa Sugar, que vivía en California con sus amos. Un día estos señores decidieron trasladarse a Oklahoma y partieron tras instalarse a Sugar en la parte posterior del automóvil. Sólo después de varias horas de viaje se dieron cuenta de la desaparición del gato: evidentemente, saltó por una ventanilla que había quedado abierta. Resignados, los propietarios de Sugar continuaron el viaje hasta alcanzar su nueva residencia. Pasaron algo así como catorce meses y, cierto día, vieron entrar un gato por la ventana de la cocina; lo primero que hizo el animalito fue saltar a los brazos de la dueña de la casa: era Sugar, al que se identificó por la malformación de la cadera. ¡Había recorrido cerca de 2500 kilómetros!

En su libro L´ âme des animaux (el alma de los animales) el escritor Jean prieur refiere la sorprendente aventura de la gata Amado, que apenas recorrió 25 kilómetros, pero cuya gesta no es menos excepcional teniendo en cuenta que estaba ciega.

La gatita pertenecía a una vieja campesina de Provenza, quien, sintiéndose próxima a morir, la había confiado a una amiga residente a 25 kilómetros de distancia, en la otra orilla del Ródano. Quince días después, la ex propietaria de Amado oyó un maullido ante la puerta de su casa; corrió a abrir y reconoció a su Amado, reducida a condiciones lamentables, delgadísima, completamente enlodada y con las patas ensangrentadas. ¿Cómo pudo esta gata ciega hallar el camino de regreso teniendo en cuenta que en la zona, en un tramo de 20 kilómetros, no existe un solo puente que atraviese el Ródano?

Los citados ejemplos – unos cuantos entre los muchísimos existentes -, obligan por tanto a admitir que el gato posee la capacidad de volver a encontrar a su amo.

El caso más frecuente, el del gato que regresa a su anterior domicilio, es quizás el más explicable: el animal quiere recuperar a su amo impulsado por el hambre, la inquietud, el afecto y el deseo de volver a tener cuanto perdió y entonces, mediante un proceso aún misterioso, busca la dirección aproximada que debe tomar.

A partir de entonces, el gato recurre a un método de aprendizaje por tanteos y errores, avanzando mediante una serie de asociaciones visuales, olfativas, acústicas o cualquier otro género. Busca un sonido familiar, como por ejemplo, el de las campanas; olores conocidos, caminos que antes recorrió. En otras palabras: el gato pone en funcionamiento su memoria asociativa. De indicio en indicio, volviendo , si es preciso, sobre sus propios pasos, termina por alcanzar la meta… Esta explicación resulta menos convincente cuando el gato recorre enormes distancias, o bien cuando se reúne con su amo en un lugar en el que nunca estuvo antes.

Los gatos médiums

El teósofo sueco Emanuel Swedenborg (1688-1772) afirmaba que los animales eran “brújulas vivientes” gobernados por “campos de acción absolutamente desconocidos para el hombre”; hoy, algunos no temen hablar de los gatos médium, y a tal efecto se han propuesto atrevidas explicaciones introduciendo en el juego un sentido desconocido: el llamado “psitrailing”. Según esta teoría, existiría una especie de comunicación telepática entre el gato y su dueño o entre el gato y determinadas personas, que guiaría al gato perdido por medio de vibraciones que éste sería capaz de percibir. Los egipcios ya creían en este tipo de telepatía: en un papiro descubierto en Saqqâra se puede leer: “Cuando tú piensas, él (el gato) te comprende aun si tus labios no se mueven ni tu boca pronuncia palabra alguna. Él lee en ti con la mirada de los dioses.” También en la Edad Media los brujos llegaron a ser acusados de comunicarse con sus gatos por vía telepática.

Algunos investigadores han tratado de probar la existencia de contactos telepáticos entre hombres y animales. Por ejemplo, el octor Karlis Osis, miembro de la Sociedad Americana para la Investigación Psíquica, cree haber demostrado la capacidad de transmisión de pensamiento entre el hombre y el gato con el siguiente experimento: el animal debe elegir entre dos cuencos de comida colocados en el extremo de una caja en forma de T; el experimento intenta, mediante la transmisión del pensamiento , inducir al gato a elegir un cuenco en vez del otro, y en la mayoría de los casos se cumple el intento.

Por su parte, un investigador alemán, H. Schmidt, ha ideado un dispositivo capaz de poner de relieve la existencia de una cierta psicocinesis en los animales, es decir, de una capacidad del cerebro de influir sobre sus sistemas físicos, por ejemplo, moviendo objetos o modificando su estado físico sin el concurso de las actividades motoras anormales. El dispositivo está formado por un “generador de casualidad” que envía corriente, al azar a dos lámparas de rayos infrarrojos, alternativamente y sin que sea posible predecir cuál de las dos se iluminará. En su conjunto y en un determinado período de tiempo, ambas se iluminará idéntico número de veces. Una de las lámparas se coloca en un recinto no especialmente caldeado y donde se introduce un gato. De pronto, tras la incorporación del animal, el funcionamiento del generador se vuelve anómalo: la lámpara emplazada en el recinto donde se encuentra el gato se ilumina, en efecto, con más frecuencia que la ora, como si el cerebro del animal, deseoso de mayor calor, fuese capaz de influir en el funcionamiento del generador.

Apenas el gato se aleja del recinto todo vuelve a la normalidad, y ambas lámpara vuelven de nuevo a encenderse con la misma frecuencia. De todos modos, se ha constatado que estos poderes, denominados “efecto Schmidt” son temporales y se extinguen al cabo de seis días.

Meteorología felina

Otra de las notorias capacidades del gato es la predicción del tiempo, según una creencia popular, si un gato, en el momento de efectuar su aseo, pasa una pata sobre una de sus orejas, es señal de que la lluvia, o la tormenta, está muy próxima.

En realidad se cree que el gato se pone nervioso porque su piel se carga de electricidad, y se excita a causa de laspequeñas descargas que se producen cuando toca un objeto cualquiera; por eso comienza a arañar los tejidos y a trepar por las cortinas. Cuando rasca el suelo, en cambio, establece la dirección de donde va a soplar el viento. Para anunciar buen tiempo el gato ronronea y no se frota la nariz durante su aseo. Desde luego, esta meteorología felina no siempre es fiable, como tampoco lo es, por lo demás, la humana.

El tiempo de morir

¿Anuncia el gato su propia muerte? Sobre el tema se han efectuado distintas observaciones más o menos válidas. En algunas ocasiones se han encontrado muerto un gato que la tarde anterior había requerido insistentemente acariciado largo tiempo por su amo, o bien que había ido a refugiarse durante mucho rato debajo de un mueble.

En su Autobiografía espiritual (1948) el filósofo ruso Nicolaj Berdjaev cuenta que su gato Mourry, sintiendo próximo su fin, se arrastró hasta la habitación de una persona gravemente enferma, saltó sobre su cama y, súbitamente murió.

El gato podría ser capaz de sentir la próxima muerte de un ser humano; muchos afirman que los gatos acuden a los lechos de los enfermos que van a morir en el término de escasas horas. Se cuenta que en París un gato, cuyo propietario estaba muy enfermo, comenzó a maullar desesperadamente y a agitarse hacia las tres de la madrugada: era el momento en el que su amo agonizaba… Después, el gato rehusó penetrar en la estancia antes ocupada por su amo.

Parece, además, que los gatos se percatan del abandono definitivo que significa la muerte, y se sabe de gatos que se han negado a abandonar la tumba de su amo.

El comportamiento del gato es, desde luego, extraordinario: es un universo aún en gran parte inexplorado, más extremadamente interesante.

El Gato- Planeta De  Agostini, Volumen 1, fascículo 2



********* Anexo externo al artículo por esta web:

Voy  a relatar un suceso parecido al aquí expuesto, ocurrido hace años, cuando mi perra, viviendo muchos años, cerca de 24 años, había vivido en la casa de arriba con sus dueños, muertos ellos, acabó en el piso de abajo con los hijos de estos, así vivió muchos más años. El día antes de su muerte (la de la perra), fue encontrada, por de noche, intentando subir las escaleras, para subir, pese a que llevaba mucho tiempo sin intentarlo, ya que estaba muy vieja y había desechado cualquier intento de subir un escalón, que por otro lado era da su misma altura, pero esa misma noche, estaba en el primer escalón, intentando subirlo, rascando y resbalándose, ya que no podía poner las patas de delante en el escalón. Cuando la vi, me sorprendió mucho que a estas alturas y en mitad de la noche intentara subir. A la mañana siguiente la perra apareció muerta. Creo que ella vio que iba a acabar y quería terminar en el mismo sitio donde pasó la mayor parte de sus primeros días, y donde tuvo sus primeros amos, aunque no lo consiguió, la idea quedó bastante clara.
F.P.


- La extraña historia de los animales calculadores




La extraña historia de los animales calculadores

El mecanismo invisible que proporciona a los calculadores prodigiosos la solución buscada, adquiere una naturaleza todavía más misteriosa cuando se trata de animales capaces de extraer raíces cúbicas sin artificio alguno.

¿Qué fuerza los posee entonces?

¿Hay alguna interferencia telepática con el hombre , o algo aún más complicado?

¿Por qué no todos los animales manifiestan esa facultad?¿O a caso es porque nosotros no la advertimos?

En los circos y en las ferias, son muy comunes los animales sabios. A menudo podemos ver allí un perro o un caballo que cuenta o que calcula, golpeando con una pata, y el público aplaude. Pero en general, el número no es taquillero.

En épocas menos hastiadas de todo (Los animales calculadores parecen haber desaparecido, por lo menos en Francia. Un llamamiento que hizo en ese sentido una importante revisa de divulgación científica, quedó sin respuesta) los animales calculadores apasionaron a la muchedumbre y también provocaron la curiosidad del mundo científico.

Evidentemente, en nueve de cada diez casos, se hace trampa, y aunque la habilidad del que amaestra al animal no es menos digna de elogio, el resultado es bastante pobre.

Sin embargo no pudo menos que rendirse a la evidencia: no había truco alguno. Y desde ese momento, el número adquiere un interés real.

LOS CABALLOS DE ELBERFELD

Uno de esos enigmáticos casos, tal vez el más célebre, es el de los caballos de Elberfeld, Alemania. A principios de este siglo, un aficionado a los caballos llamado Wilhem von Osten, los sometía a un entrenamiento particularmente refinado, entre otras cosas, intentaba enseñarles a contar. En poco tiempo logró que Hans, semental, lo hiciese. Al principio, en un caballete se escribía un número cualquiera y Hans, golpeando con el casco sobre una especie de estado de madera, marcaba las decenas con el casco derecho y las unidades con el izquierdo, indicando así las cifras inscritas.

Mediante el mismo procedimiento se enseñó a leer. El caballo marcaba con la mano siguiente un código muy simple: 1=A; 2=B; 3=C, etc.

Hasta aquí todo era normal: sin duda, el animal había sido muy bien amaestrado, peor que alguien acostumbrara a un caballo a marcar con determinado número de golpes una cifra concreta, no era como para perturbar a los racionalistas. Sin embargo, había algo que podría sorprendernos: el número de lecciones para enseñarle el alfabeto.

Pero Hans no se durmió en los laureles y, después de haber asimilado las cifras, aprendió a calcular. Su amo escribía sobre la pizarra 35+15 y Hans golpeaba 50 veces.

Esto ya superaba lo normal. Algunos hablaban de milagro, otros no disimulaban su reticencia. El propio emperador se interesó en el asunto y ordenó que se constituyera una comisión de profesores para estudiar las hazañas de ese caballo maravilloso.

Esta comisión dio un dictamen formal, que no dejaba dudas: el caballo no calculaba, sino que actuaba orientándose por signos imperceptibles para el hombre, aunque proporcionados por los asistentes cuando los golpes que daba para marcar la cuenta se aproximaban al resultado.

Desalentado por tal informe, Osten vendió el semental a uno de sus admiradores, un tal Krall, joyero de la comarca y hombre muy rico. Este hombre estaba convencido de la extraordinaria inteligencia de su adquisición; decidió proseguir su educación y, además, comenzar a educar  con el mismo método a otros dos caballos, Muhamed y Zarif.

Krall rehízo los experimentos de Osten, intensificándolos. Uno de los más particulares consistía en mostrar a Hans y sus dos condiscípulos un problema y, acto seguido en plena oscuridad, es decir que los caballos ya no tenían delante el número, la operación era resuelta sin la menor dificultad y sin error.

Los dos nuevos prodigios progresaban de manera fulminante. Dos horas de lección diaria, como máximo, les permitieron efectuar en menos de dos semanas sumas y restas. Algunos días más tarde, empezaron con las multiplicaciones y las divisiones. ¡Al cabo de cuatro meses de instrucción, estos alumnos modelos se atrevían con las raíces cuadradas y, paralelamente, aprendían el alfabeto!

La noticia de los nuevos éxitos de los caballos de Elberfeld (se hicieron célebres con el nombre de la ciudad donde residía su dueño) recorrió Europa y provocó vivas controversias.

Al espectacular trío, Krall agregó un nuevo camarada, llamado Hänschen, que muy pronto se reveló tan dotado como sus compañeros.

A favor de aquella época, debemos decir que muchos destacados científicos y profesores universitarios viajaron hasta Elberfeld para tener una información directa de los hechos.

Por supuesto, pensaban que los animales no estaban realmente dotados de la facultad de calcular. Sin embargo, tampoco quisieron negarlo rotundamente antes de verificarlo.

No es posible que en nuestra época hubiese sucedido otro tanto: os especialistas interrogados se habrían apresurado en calificarlo de superchería. Pero, como vamos a verlo, la verdad es otra.

Entre los que se mostraron escépticos, aunque generalmente sinceros, se encontraba un ilustre psicólogo suizo: Claparède.

Claparède nos dejó un riguroso testimonio de sus observaciones. En primer lugar, nos cuenta, Krall escribe una operación relativamente complicada en una pizarra: raíz de 36 x raíz de 49 = ? El más dotado de los cuatro caballos, Muhamed, es traído frente a la pizarra; de inmediato empieza a golpear con una de las patas anteriores. La primera respuesta que da es errónea: 52. Pero enseguida, al ser reprendido por su amo, da la respuesta correcta: 42.

El psicólogo propone entonces una pregunta mucho más complicada: ¿Cuál es la raíz cuadrada de 614.656?

Muhamed golpea dos veces con la pata derecha y ocho veces con la izquierda, proporcionando así la respuesta justa: 28.

Claparède asistió a varias sesiones similares y regresó a su país fuertemente impresionado. En su informe posterior, analiza las diferentes y probables explicaciones que podrían ser tenidas en cuenta.

Entre estas explicaciones destacan las siguientes: Superchería, signos involuntarios transmitidos por la concurrencia, telepatía, aptitudes intelectuales en los animales.

La primera hipótesis fue rápidamente excluida. Nadie podía poner en tela de juicio la buena fe de Krall. Este hombre creía con toda su alma en la inteligencia de sus caballo y no era susceptible de sospecha alguna. Por otra parte, cuando la superchería existe siempre es bastante fácil descubrirla. Pr lo demás, fue frecuentemente empleada en el caso de los animales calculadores y no deja de ser interesante saber en qué consiste. En principio , durante varios días no se alimenta al caballo y se lo lleva al lugar donde más adelante realizará las exhibiciones. Allí, un ayudante agita ante los ollares del animal un haz de avena, mientras el entrenador le impide avanzar. En su impaciencia, el caballo se pone a escarbar el suelo con una de sus patas anteriores. En ese momento, el entrenador lo suelta y le permite comer. Muy pronto el caballo toma la costumbre de escarbar en cuanto se halla en el lugar destinado a la exhibición y el entrenador se pone a su lado como lo ha hecho durante el adiestramiento. A partir de entonces, con una señal que generalmente pasa desapercibida al público, el entrenador logra fácilmente que el caballo deje de escarbar. Así se establece en el animal una reacción condicionada y , el día del espectáculo, el entrenador le hace la señal de no escarbar más cuando el número de golpes es correcto. El entrenamiento está consumado; ha nacido un caballo calculador. Pero esta explicación no se aplica al caso de los caballos de Elberfeld. Aparte el hecho de que la personalidad de Krall aleja esta hipótesis, están los serios y convincentes testimonios de Claparède y muchos otros. ¡Además, la cosa cambia cuando el caballo logra contar las decenas con una pata y las unidades con la otra!

¿Era telepatía?

Por razones personales, Claparède desechó categóricamente la telepatía no porque hubiese probado lo contrario, sino porque no creía en los fenómenos telepáticos. Por las mismas razones, descartó tajantemente la hipótesis de que los caballos pudiesen calcular. Finalmente, optó por la hipótesis de los signos involuntarios de la concurrencia, signos que detendrían los golpes que daba el animal cuando llegaba al resultado buscado.

Claparède resolvió estudiar el porcentaje de las respuestas exactas (los caballos de Krall no eran precisamente infalibles y se equivocaban bastante a menudo).

Su  interesante encuesta dio lo siguiente: 11% de respuestas exactas para las preguntas fáciles y el 13% para las difíciles; en otra serie 7,5% para  las fáciles y nuevamente 13% para las difíciles. En su opinión, el mero estudio de estas cifras revelaba la clave del misterio. Así deducía que si existía en los animales la facultad de calcular, no cabe duda que habrían tenido más posibilidades de acertar las respuestas fáciles que las difíciles, por simple lógica. Ahora bien, si admitimos la hipótesis de los signos involuntarios que la concurrencia emitiría durante la exhibición, entonces lo adecuado es pensar que la emoción de la gente aumentará en proporción a la dificultad del problema y, por consiguiente, los caballos percibirían más fácilmente sus reacciones emocionales.

Pieron, un psicólogo francés, argumentó que en los espectadores debían alterarse el ritmo respiratorio y que esto sería percibido por los caballos , si tenemos en cuenta la proverbial fineza de su oído. Krall había colaborado siempre con quienes se interesaran científicamente en las dotes de sus caballos, pero cuando le tocó el turno a Pieron, parece ser que estaba ya bastante cansado de las investigaciones y los requisitos que las acompañaban. De tal modo, el argumento de Pieron no tuvo ocasión de verse ni ratificado ni desmentido por los hechos.

Más tarde, sin embargo, otros investigadores tuvieron ocasión de tomar contacto con este fenómeno.

Así fue como los profesores Mackensi y Assagioli obtuvieron la autorización para hacer trabajar al  más joven de los caballos, Hänschen, ante la presencia de Krall y sus palafreneros.

Los dos profesores apuntaban los problemas en una pizarra y el porcentaje de respuestas correctas fue muy satisfactorio.

Acto seguido, asilaban al caballo en un lugar cerrado y después de haber escrito el problema que el animal había de resolver, se retiraban cerrando la puerta por cuya mirilla observarían la operación. A pesar de ello, las respuestas seguían siendo correctas, lo que sorprendía mucho a los observadores. El profesor alemán Hartkopf – cuyo nombre correspondía perfectamente a su temperamento , pues en alemán significa “cabeza dura” – no se dejó impresionar por esos resultados y quiso evitar que el caballo se rebuscase una información mirando al investigador que estuviese detrás de la mirilla. Las respuestas fueron preparadas por un tercero y Hartkopf abría el sobre que contenía la pregunta. Hartkopf no conocía la respuesta, de modo que cuando el caballo respondía, él abría solamente el sobre que contenía la respuesta correcta.

El caballo daba la respuesta en algunos segundos y en este lapso, Hartkopf, que no era un calculador prodigioso, no hubiera podido efectuar la operación, era extraer la raíz tercera de 29.791 o de 103.823. Más tarde, los experimentos llegaron a proponer hasta la raíz cuarta de un número de seis cifras. La respuesta fue exacta. Evidentemente, la hipótesis del estímulo a través de los signos inconscientes de los espectadores quedaba también descartada.

Como consecuencia de todo esto, hubo en Alemania una verdadera epidemia de caballos y perros calculadores. Aunque fue imposible lograrlo con un elefante, los perros se mostraron particularmente brillantes. Los de la señora Moeckel, de Mannheim, tuvieron tanta repercusión como los caballos de Krall.

Recordemos el caso del zarcero Rolf, cuyo talento fue descubierto por azar, un día que su dueña enseñaba aritmética a sus hijas: las niñas daban pésimas respuestas a los problemas; en un momento dado, Rolf respondió por ellas golpeando con su pata en la mesa. Por supuesto, entre todas esas maravillas se deslizaban muchos tramposos. Pero de todos modos, basta con los caballos de Elberfeld para poner de relieve la importancia de esta cuestión.

EL MISTERIO SUBSISTE

La teoría de los signos inconscientes prevaleció durante largo tiempo. No obstante ya hemos visto que tras el experimento de Hartkopf no era digna de crédito. ¡Y sin embargo, cada vez que aludimos al asunto, el 95% de nuestros interlocutores invoca esta teoría para explicar los hechos!

Puesto que rechazamos la hipótesis , ¿qué teoría admitiremos? Parece completamente ridículo creer que los caballos sean capaces de resolver con sus propias facultades mentales problemas semejantes. Por lo tanto, ¿debemos quedarnos mudos? Esta actitud sería sin duda la más prudente. Pero al menos podemos argumentar que en el mundo tienen lugar también otros fenómenos inexplicables. En un libro sobre el caballo, Lavondes vuelve a citar la opinión de quienes pretenden que los golpes que da el caballo por la pata, así como los pies de las mesas que se mueven solas, son la manifestación de operaciones que se desarrollan en el inconsciente de su interlocutor.

Explicar lo desconocido mediante lo desconocido no es muy positivo que digamos. Por tal razón, y si la ocasión se presenta, sería conveniente abocarse una vez más a estudiar este tipo de fenómenos.

De todas formas, antes de cerrar provisionalmente creemos oportuno trascribir las ideas expuestas por Aimé Michel en un reciente artículo: <<No se trata de cálculo animal, sino de una interferencia desconocida entre el pensamiento humano y el pensamiento animal. En Elberfeld, todo ocurría como si el pensamiento humano hubiera podido, en circunstancias difíciles de esclarecer, actuar en el animal. ¿Debemos relacionarlo con el hipnotismo?¿Con la transmisión de pensamiento?¿Con los efectos psi? Sólo podríamos saberlo si retomáramos de otra manera los experimentos que se hicieron en el pasado.

NOTAS

La historia de los caballos calculadores es el típico tema tabú de la literatura científica. Así, por ejemplo, Hediger habla de “la estúpida leyenda de los perros y caballos que se expresan golpeando sus patas”.

Hay que reconocer que los escritos de la gente que creía en las facultades matemáticas de los animales suelen ser ingenuos.

El profesor Gustav Wolf, siquiatra de Bäle, escribía en 1914 “Una vez más, algo realmente grande y perturbador se ha manifestado fuera del ámbito de la ciencia organizada. Y, como ocurre siempre que s trata de una cosa nueva, debemos enfrentarnos al dogma de la enseñanza y de la Iglesia.”

Hemos intentado demostrar que detrás de la apariencia de mistificación o de grosera farsa de los fenómenos , se disimula una realidad que bien puede ser objeto de estudio.
Maeterlinck, que trató con frecuencia de sondear el misterio de la vida animal, regresó profundamente impresionado de su visita a Elberfeld.

Krall repitió varias veces el nombre de Maeterlinck delante de Muhamed y enseguida le pidió que lo repitiera. El caballo no se hizo rogar y , según el código idiomático aprendido, deletreó, siempre golpeando con una pata, Mazrlk, cosa que puede pasar por una aproximación bastante satisfactoria. El peta se quedó solo con el caballo y le planteó algunos problemas y de inmediato recibió las respuestas, respuestas que él mismo ignoraba.

En los Estados Unidos hubo también caballos con facultades similares a los de Elberfeld. Entre ellos, se destacó la yegua Lady, que respondía a las preguntas luego de pensar por un momento de letargo. No sólo estaba dotada para el cálculo, sino también para los idiomas, ¡y se dice que respondía muy bien a preguntas en chino!

También es de destacar el caso de Black-Bear, un poney que demostró tener muchas aptitudes para la geometría.

La pensé non humaine
Jacques Graven.


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- Telepatía - Parte 4

Parte 1: Telepatía Genuino
3. Telepatía entre los seres humanos y los animales

- W. W. Baggally

P
arece ser una evidencia que la telepatía también ocurre entre la mente de un ser humano y la de un animal. El lector recordará sin duda el caso del Sr. H. Rider Haggard, el cual salió publicado en la prensa. Este caballero, en la noche del sábado, 9 de julio de 1904, soñó que el perro favorito de su hija mayor, se metía por el agua y por donde había  broza e intentaba transmitir de una manera poco clara la idea de que iba a morir. El perro desapareció al día siguiente. El cuerpo del perro fue encontrado posteriormente flotando en el agua, cerca del puente. Una examinacion de las circunstancias de mis acompañantes, señaló que el perro sabía que iba a morir la noche del sueño del Sr. Rider Haggard. Entonces este caballero dio a conocer su experiencia, recibió numerosas explicaciones de lo sucedido a causa de la telepatía entre la mente de él y la del animal. Estas explicaciones fueron enviadas por el Sr. Rider Haggard a la secretaria del S.P.R., que me lo dio para que lo investigara.
Un caso muy interesante, es el descrito por la señora C. Lo que sigue es lo que cuenta de su experiencia.
“En una  tarde calurosa de domingo, en el verano de 1900 fui, después del almuerzo a visitar los establos como estaba acostumbrada, para llevarle azúcar y zanahorias a los caballos, entre el gran número de caballos, había una yegua que era mi favorita, que se llamaba Kitty. Era un animal tímido, nervioso, bien educado, y sucedió un hecho de gran interés e inusual. La montaba cada mañana, antes del desayuno (el tiempo que pudiera). Por rutas, paseábamos por solitarios  acantilados que sobresalían al mar cerca del castillo F. y siempre me parecía que gozaba de la frescura de esa hora tanto como yo. En esa tarde en particular, salí de los establos y caminé hasta el jardín, que estaba a la distancia de un cuarto de milla, y me senté debajo de un árbol a leer un libro interesante, proponiéndome estar centrada en el libro un par de horas. Después de veinte minutos una sensación de molestia me vino.
Y la lectura que estaba realizando la dejé, estaba segura que había algo que tenía que ver con la yegua. Intenté olvidar esa sensación, y seguir con mi libro, pero la sensación era más fuerte, me sentía obligada a ir a los establos rápidamente. Fui derecha al lugar de la yegua y la encontré, necesitaba ayuda urgente. Los ayudantes estaban en una parte alejada de los establos, fui a traerlos para que ayudaran a levantar a la yegua. Estaban sorprendidos de encontrarme en los establos por segunda vez en la tarde.”

Escribí a la señora C., y recibí la contestación siguiente:
       El "27 de diciembre de 1904

      “La señora C. estaría contenta de que investigara el caso, pues parece que ella tiene gran interés. En estas fechas puede ser difícil conseguir las declaraciones de los ayudantes, uno está el alguna parte de Inglaterra, pero la señora C. intentará ponerse en contacto con él. Le convencerá de que nadie entró en el establo. Y los ayudantes hubieran ayudado a la yegua si alguien del establo la hubiera visto en peligro. Parece un caso directo de telepatía de la mente del animal al ser humano.”

La señora C. luego me envió una declaración del ayudante; es ésta:
31 de diciembre de 1904

“Era un trabajador en el castillo F. en esa época. La señora C. vino a los establos después del almuerzo como era costumbre por la tarde a llevar zanahorias y azúcar a los caballos. La yegua estaba absolutamente bien en su cajón. Entonces me fui a mi sitio sobre los establos con los otros ayudantes que estaban también arriba. Para mi sorpresa, después de media hora o tres cuartos de hora más tarde, la señora que había estado en el jardín, me llamó a mi y a mis compañeros para que fuera a ayudar a levantar a la yegua, que había caído hacia arriba en el cajón. Nadie había estado en el establo en ese tiempo.

          (Firmado)"E. N."

La telepatía posiblemente puede existir entre la mente de un animal y la de un ser humano, y viceversa, pero no se ha encontrado un número suficiente de casos para establecerse como un hecho seguro.




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- Caballos de Elberfeld

Caballos de Elberfeld






Caballos de Elberfeld, la maravillas matemáticas del mundo animal. El caso fue descrito por el Dr. E. Clarapede, en la Universidad de Ginebra, como “el acontecimiento más sensacional que ha sucedido en el mundo psicológico”. El descubrimiento de un genio equino de las matemáticas que fue hecho por William von Osten en 1891.

Kluge Hans se le enseñó a contar bolos golpeando con la pata cuantos bolos había sobre la mesa. Von Osten pronunciaba los números fuerte y luego los escribía en la pizarra. Los resultados pronto demostraron algo sorprendente.

El caballo comenzó a realizar operaciones matemáticas. Cuando Osten murió en 1909 su trabajo fue continuado por Krall, un joyero de Elberfeld. Él enseño a cuatro caballos, Muhamed, Zarif, Berto y Hanschen, el último ciego, por métodos más eficientes.

Los caballos no sólo aprendieron las operaciones matemáticas fundamentales, sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, pero además después de cuatro meses de entrenamiento extraían raíces cuadradas y cúbicas, y aprendieron a escribir.

Ellos respondían las preguntas mediante el golpeo de pezuñas. Para dar el número 34, por ejemplo, golpeaba tres veces con la izquierda y cuatro veces con la pata derecha.
El libro de Krall Denkende Tiere agitó el mundo de la ciencia.

Una tras otra comisión llegó a los establos. Muchos científicos persisten en negaciones persistente, muchos fueron asombrados y maravillados.

Maurice Maeterlinck, realizó una visita a Muhamed, después de una presentación formal, deletreando fonéticamente su nombre con los cascos, resolvió los problemas de manera casi instantánea de las cuales incluso Maeterlinck no sabía la respuesta, en una ocasión se negó a dar la respuesta de una raíz cuadrada de entre un número de posibilidades, porque no estaba la respuesta en ellas y expresó los pensamientos y sentimientos a través de la ortografía.

El procedimiento consistía en elegir las tarjetas con las letras en ellas. Un día, Muhamed “gritó”: “El mozo golpeó a Hanschen”. A veces decían que estaban cansados y no querían responder. El cuidado de los experimentos llevaron a excluir la posibilidad de leer la mente.

Como medida de precaución, para evitar las señales se hicieron las preguntas por teléfono, el aparato receptor fue colocado en la oreja del caballo, con frecuencia el problema era escrito en la pizarra y el caballo se quedaba solo para resolverlo, a veces las figuras fueron trazadas con un dedo en la parte posterior de los animales.

Es un hecho curioso que después de seis meses de la escolarización de los caballos no avanzaron más. Sólo podían hacer lo que se les había enseñado, y no hicieron ningún esfuerzo consciente.

A veces no podía responder a preguntas sencillas como decir el número de las personas presentes.

Si no estaban seguros, hacían un golpe tímido, y en general, su inteligencia parecía estar al nivel de un “niño inteligente de 6-8 años”.

Los científicos que testificaron la realidad de los hechos fueron los siguientes:

Dr. Edinger, el eminente Neurólogo, de Frankfort, Dr. H. Kraemer y Dr. H. E. Zeigler, de Stuttgart, Dr. Paul Sarasis, de Basle, Catedrático Ostwald, de Berlín, Prof. A. Beredka, del Pasteur Institute, Paris, Catedrático Schoeller y  Dr. Gehrke, de Berlín, Catedrático Goldstein, de Darmstadt, Dr. William McKenzie,de Genova, Dr. R. Assagioli, de Florencia, Dr. Hartkopf, de Colonia, Dr. Freudenberg, de Bruselas, Dr. Ferrari, de Bolonia, etc.

No hay una explicación final satisfactoria. C. de Vesme se pregunta si el proceso por el cual los caballos resolvían sus problemas es a través de la mediumnidad, ya que los caballos a menudo deletreaban en orden inverso las palabras y números, lo que sugiere una escritura en espejo, una característica de escritura automática.

Con esto no pretendo sugerir la intervención de los espíritus, sino una manifestación del yo subliminal equina por un motor automatismo, sin verse obstaculizado por la limitación del cerebro animal.
Krall también experimentó con elefantes jóvenes, Kana, pero la bestia era demasiado perezosa para aprender.

Pero todavía hubo casos similares a los caballos.

Fuente: (con modificaciones menores)  An Encyclopaedia of Psychic Science by Nandor Fodor (1934).  

- Inexplicable Aumento Transitorio de Peso -Momento de la Muerte- (Lewis E. Hollander)


INEXPLICABLE AUMENTO TRANSITORIO DE PESO EN EL MOMENTO DE LA MUERTE

Abstracto: Doce animales (un carnero, siete ovejas, tres corderos y una cabra) fueron estudiados. En el momento de su muerte, una ganancia transitoria de peso inexplicado de entre 18 a 780 gramos durante 1 a 6 segundos fue observado en siete ovejas adultas, pero no con los corderos y la cabra. El transitorio ocurrió poco tiempo después de la muerte, cuando toda respiración y movimiento había cesado. Este transitorio y sus efectos son anómalos, ya que no hay ninguna cosa por otro sitio que pierda peso como requiere la Tercera Ley de Newton. No había ningún cambio de peso permanente después de la muerte. Las medidas de peso pueden ser un área fructuosa de la investigación.

Palabras clave: Cambio de peso en la muerte – muerte- peso transitorio.


INTRODUCCIÓN


La pregunta del cambio de peso de un cuerpo después de la muerte ha sido considerada durante casi un siglo. El experimento relatado aquí es el primero en usar una sensibilidad de 1/20.000 partes, una escala electrónica con un tiempo de respuesta de 0’2 segundos. Las anteriores medidas han sido hechas todas con balanzas de equilibrio. Casi cada parámetro de la fisiología de la gente y animales han sido medidas con exactitud en el momento de la muerte, excepto el peso. Siempre se a asumido que es constante, excepto por la respiración, los artículos médicos o pérdidas excrementales. En este estudio, sin embargo, un aumento transitorio anómalo en el momento de la muerte coherentemente ha sido observado en una oveja adulta. La existencia del transitorio abriría una interesante área de investigación y proporciona un instrumento para determinar el momento de la Muerte ( Hollander, 1998). En un estudio en humanos durante el sueño (que sueña) y la meditación se ha observado efectos similares a la ganancia transitoria de peso pero este efecto es inapreciable. Durante una levitación experimental de humanos, Hasted divulgó que “cuatro, bruscamente alcanzaron su punto máximo de aumento de peso. Y fue registrado en otras sesiones de relajación”, y que un segundo sujeto estuvo “dos veces de repente, 5 segundos donde aumentó aproximadamente un kilogramo” (Hasted Et al., 1983). Estos valores están  en orden de magnitud con la duración del transitorio observado en la oveja en el momento de su muerte y es el único que ha estudiado las medidas con un registro electrónico.



PROCEDIMIENTO EXPERIMENTAL.

Los experimentos relatados aquí, fue usado una plataforma de 215 x 92 centímetros, colocada sobre un marco de acero, que a su vez fue apoyado sobre cuatro células de carga con capacidad para 45 kilogramos cada una. La temperatura ambiental fue controlada para reducir cualquier variación de ésta. Un indicador modelo Toledo 8132 Electrónico Digital recibió la señal de salida de las células de carga y transmitió los datos a un ordenador para su almacenaje y análisis. El tiempo de respuesta de la medida en el sistema fue de 0’2 segundos. La capacidad de escala del sistema era de 100 Kg. Con una sensibilidad de 5 gramos. Los animales fueron destinados todos a su sacrificio, y los experimentos fueron supervisados por veterinarios, preocupados por el máximo interés del bienestar de los animales. Allí había una oveja, un carnero, tres corderos y siete ovejas. Además una cabra fue estudiada. Estos fueron sedados con Rompun (xylazine del Laboratorio Haver-Lockhardt), tapados con plásticos, y luego colocados en la escala. La envoltura contuvo algunas pérdidas y fluidos pero sin permitir que hubiera bolsas de aire, estuvo bien apretada. Se indujo la muerte por asfixia. Una bolsa de plástico fue colocada en la cabeza del animal. El ritmo del corazón fue medido por medio de electrodos y la salida fue leída por un monitor Parks, Model 510-C de corazón. El movimiento y la respiración fueron observados visualmente. La medida del peso fue tomada 2 veces por segundo, excepto para las ovejas 11 y 12 que fue de 21 veces por segundo. La señal eléctrica del corazón era de ritmo normal, del orden de 70 latidos por minuto en las primeras etapas, luego aumentó a 120 y más, después se hizo variable minutos antes del cese. Durante el periodo variable pudo haber periodos de 30 segundos o más sin señal. La respiración comenzó con ritmo bajo y se hizo variable y profundo. Por lo general los músculos grandes se contraían antes de la muerte, y podía percibirse visualmente. Apuntes cuidadosos fueron tomados durante todo el proceso entero y todos los movimientos fueron anotados, por si tenían que ser considerados más tarde. Durante estos experimentos hubo una perdida de vapor de agua por la respiración y evaporación. Es del orden de 50 a 200 mg/segundo. La pérdida se reduce entre 30 a 40 mg/segundo cerca de la muerte.


RESULTADOS


Los resultados para los 12 animales probados se resumen en la Tabla 1. Un transitorio significativo fue observado durante un tiempo de quietud después del último profundo aliento, el tiempo estimado de la muerte de la oveja 1, 2,3,4,6,7 y 8. La oveja 3, mostrado en la Tabla 1, es un ejemplo típico de un transitorio que ocurre después del último profundo aliento, un periodo tranquilo y sin ningún movimiento. El transitorio puede ocurrir en cualquier momento, entre los 10 y los 200 segundos después del último aliento. Para la oveja 3 (ver Figura  1) el tiempo que pasó fue de 195 segundos, y en este caso coincidió con la finalización.




La oveja 8 como se muestra en la Figura 3 fue incluida debido a dos pulsos idénticos en la variación del peso, cada 20 segundos y uno más pequeño 17 segundos después del último aliento y durante el periodo sin ningún movimiento. La medida del pulso del corazón es sólo una indicación de la actividad eléctrica del corazón y probablemente no determine que siga bombeando sangre. Desde entonces el músculo del corazón tiene falta de oxígeno y no puede responder a las señales eléctricas recibidas. Cada sujeto de prueba tenía unas características propias y únicas.


A: La medida fue hecha a mano y el tiempo no fue exacto.
B: No se distinguió ninguna variación significativa de peso.
C: En las ovejas número 7 y 8 las medidas fueron hechas con el modelo Panther Toledo, tomando el peso 21 vez por segundo.


DISCUSIÓN


Cada esfuerzo fue hecho para averiguar el origen de las variaciones de peso, que podría deberse a la inercia dinámica de los movimientos y la respiración. Lo normal en la respiración es que aparezca como una serie rítmica que aumente el peso y otros movimientos que se correspondan a la perdida del peso. Hay algo cierto para los movimientos, y es que según la Tercera Ley de Newton, si hay un cambio en una dirección es porque se ha producido otro en esa dirección pero en sentido contrario. El transitorio observado en este momento de la muerte es anómalo porque no hay ninguna acción que aumente el  peso de manera transitoria como se ha observado.


Figura número 1: Peso frente al tiempo de la oveja número 3.
(Weight=peso, Steady=constante, Eratic=variable, None=nada, Movement=movimiento, Time=tiempo, Last Breath = último respiro, heard= corazón)

El momento de la muerte es difícil de determinar. El cuerpo intenta mantener sus sentidos vitales. El criterio utilizado para la respiración y el corazón fue la observación. El transitorio anómalo es observado en todos los casos entre 5 a 200  segundos después del último aliento. No hay por lo general ningún movimiento después del último aliento. Los experimentos fueron dirigidos a intentar reproducir los posibles movimientos de los fluidos internos del cuerpo, que podrían ser causantes del transitorio observado. La masa del fluido fue localizada en la parte superior del animal, y podría haber fluido hacia abajo cuando se produjo el aumento del peso transitorio. Pero esto requiere varios movimientos del fluido, los litros habría tenido que aumentar el peso de entre 500 a 100 gramos. Un movimiento tan grande en la anatomía del animal hubiera sido muy fácil de observar. Los resultados de los experimentos relatados del peso son muy breves, pero realmente sugieren un aumento de peso transitorio en el momento de la muerte. Se recogieron datos de la mitad de los animales estudiados y en la oveja madura. Puede que haya otros situaciones que influyan en el pulso como  movimientos u otros factores no observados.

Duncan MacDougall, en 1906, pesó a seis personas en el momento de su muerte, utilizando una balanza de equilibrio. Él relató una perdida de peso abrupta y permanente en el momento de la muerte de unos 11 a 21 gramos (MacDougall, 1907a, b). También pesó a 15 perros con una balanza de equilibrio, y encontró que no había ningún cambio en el peso. MacDougall describe un cambio violento y abrupto del peso. Tuvo que reajustar su balanza para compensar el cambio. De sus apuntes el lector puede estar seguro de que algo dramático ocurre en el momento de la muerte. Esto es sugerido aquí, como que algo podría haber influido violentamente en la balanza.

Figura 2: Peso frente al tiempo de la oveja 3. 

Twining también usó una balanza para pesar a 30 ratones y no encontró ningún cambio de peso  medible (Twining, 1979). Donald Carpenter también consideró la pregunta del peso. Sugiriendo que la energía requerida ‘fantasma’ para funcionar es limitada, alrededor de 60 julios, basado en informes anecdóticos (Carpenter, 1984). Él va más lejos, propone una nueva unidad “The Mac”, en honor al Dr. MacDougall que supusieron que el Mac está cuantificado en unidades de 20 a 30 julios, basado en los datos relatados de las ovejas y de los datos de los humanos medidos por el Dr. MacDougall. En la Figura 3 puede apoyar esta hipótesis cuántica (Carpenter,1998). La energía requerida para producir el aumento de peso transitorio observado aquí es del mismo orden de magnitud que el propuesto por Carpenter.


MEDIDA DEL PESO EN HUMANOS.

Gracias a la hospitalidad del Dr. Karlis Osis y Donna McCornick junto a American Psychical Laboratory de New York, dos médiums fueron pesado cuando intentaban levitar. Durante los experimentos, para el primer médium hubo tres cambios leves de peso de manera transitoria, pero fueron muy pequeños. Con el segundo médium no fue observado ningún cambio de peso transitorio. Medidas más recientes de la Dra. Angela Thompson durante unas sesiones que estudió no hubo ningún cambio de peso insólito. Transitorios espontáneos han sido observados durante sueños y meditaciones. Tentativas de inducir estos transitorios con estimulación auditiva y visual, hasta entonces, no han sido reproducidas. Los niños parecen ser los mejores sujetos. Un área fructuosa puede ser esto, en personas como lo relatado por el Dr. Blasband, quien encontró efectos perturbativos de aumento en un Generador de Acontecimientos Arbitrario, mientras que los sujetos estaban bajo estrés (Blasband, 2000).

Figura 3: peso frente al tiempo, de la oveja número 8

CONCLUSIÓN


No hay ningún cambio de peso a largo plazo en el momento de la muerte en los animales probados, dentro de los límites del equipo y con el procedimiento usado. Sin embargo, a los 5 segundos transciende un aumento de peso que va desde los 18 a los 780 gramos. Las medidas del peso dinámicas, tal vez sea un área fructuosa para una remota investigación. Aunque el peso ganado transitoriamente haya sido observado en gente de manera espontánea, hasta entonces no ha podido ser reproducido. Al contrario, toda oveja adulta expuso un aumento de peso transitorio en el momento de la muerte. Estos transitorios puede ser un efecto del equipo usado o una manifestación fisiológica.